El festival comenzó con un maestro de ceremonias de excepción: Antonio Varo, socio, médico, escritor y profundo conocedor de este arte. Varo arrancó expresando su agradecimiento y felicitando a la Asociación Amigos de la Venencia, encargada de recibir a los aficionados con un cálido brindis. Un arranque brillante que unió sobre el escenario a todos los artistas de la nómina junto al presidente de la Peña Flamenca El Lucero, Félix Contreras, la teniente de alcalde de Montilla, Lidia Bujalance, y el diputado delegado especial de Cultura de la Diputación de Córdoba, Gabriel Duque, dando así comienzo a una de las noches más mágicas del flamenco.
Pureza, compás y despliegue sobre las tablas
La música arrancó bajo el sello del preciosismo con la guitarra de David de Arahal, cuya dulzura a las cuerdas abrió camino a uno de los grandes pasajes del festival. Arahal acompañó con maestría a Sandra Carrasco, quien dejó al público sin aliento al desgranar sus aires marcheneros y ese pellizco impregnado de sus raíces onubenses.
El relevo generacional empapado de pureza continuó con la joven Esmeralda Rancapino, heredera directa de una de las sagas más distinguidas del cante, compenetrándose a la perfección con la guitarra de todo un fenómeno como Antonio Higuero. El compás no decayó gracias a la fuerza de Jesús Castilla, ganador del Melón de Oro de Lo Ferro en 2024, quien derrochó el sabor de su tierra natal de San Fernando trayendo la luminosidad de las alegrías y bulerías gaditanas.
El broche a la primera parte llevó la firma de la bailaora Salomé Ramírez, una artista con un presente brillante y un futuro arrollador —avalada por el Premio Revelación del Festival de Jerez y el trofeo Desplante del Cante de las Minas de La Unión en 2025—. Con el arropamiento al cante de Manu Soto y Manuel Pajares, y el toque impecable de Luis Medina, Salomé ofreció un despliegue de fuerza y templanza memorable.
Madrugada de solera y maestría
Tras el descanso, y con la noche entrada en la madrugada bajo la luz de la luna llena, tomó las tablas la solera y el peso de Aurora Vargas. Su maestría por soleá y el desgarro de sus puyazos por siguiriyas envolvieron a un público ejemplar que, sumido en un silencio casi místico, acompañó el devenir de las horas sin perder un ápice de emoción.
La recta final mantuvo la exigencia con la elegancia de Sara Dénez, Premio Nacional de Arte Flamenco de Córdoba en 2025, cuya dulzura melódica volvió a brillar escoltada por la omnipresente guitarra de Luis Medina. El encargado de rematar la noche a altas horas de la madrugada fue Juanfra Carrasco, quien rotundo y entregado puso en pie al respetable para clausurar un festival que quedará para el recuerdo.
Esta noche inolvidable ha sido posible gracias al respaldo institucional del Ayuntamiento de Montilla, la Diputación de Córdoba y el Área de Cultura de la Junta de Andalucía, junto al compromiso constante de la Peña Cultural Flamenca El Lucero, referente indispensable en la defensa y apuesta por el flamenco en estado puro. Un agradecimiento sincero a todos los socios, aficionados y artistas que han demostrado que la Cata Flamenca de Montilla está, por derecho propio, en el lugar que le corresponde.
